Desarrollo y salud se relacionan estrechamente, por lo que las políticas sociales deben estar dirigidas a promover un ambiente saludable, tarea que excede la mera asistencia médica. La calidad de vida se obtendrá controlando el aire que respiramos, los efluentes que vierten las empresas, la calidad del agua que consumimos o evitando que las fronteras agropecuarias avancen sobre territorios densamente poblados, antes que construyendo quirófanos y duplicando el presupuesto de antibióticos.
¿De qué nos enfermamos y morimos los argentinos? Ginés González García junto a Federico Tobar, en el libro del que son coautores –“Salud para los argentinos”– responden: El 42 por ciento de las defunciones tienen por causa el estilo de vida, según estadísticas del Ministerio de Salud (los hábitos de fumar y consumir drogas, las prácticas sedentarias, las malas costumbres alimentarias y las conductas agresivas); las causas genéticas ocupan el segundo lugar, el 28%; las ambientales el 19%, y, finalmente, las deficiencias del sistema sanitario, el 11%.
En conclusión, asegurar vida sana a la población exige definir políticas integradas que promuevan un estilo de vida más saludable. Y siendo así, deberemos dedicar una prioritaria atención al hábitat donde vivimos para revertir “el estado crítico del derecho a la salud de la población argentina”.
Debe advertirse que del total del gasto sanitario, se estima que sólo el 30% se invierte en acciones de prevención y regulación, en tanto que el 70% se asigna a la atención médica, al tratamiento de enfermedades ya desarrolladas. Equivale a decir que se gastan $ 4,3 per cápita en prevenir enfermedades y $ 15,7 en curarlas, lo que es evidentemente desproporcionado.
Contaminación y salud en Tucumán
Si hemos de referirnos a la situación provincial en orden a los factores ambientales que inciden en la salud de la población, queda evidenciado un escenario con graves falencias. El Siprosa, que es el organismo que debe fiscalizar la calidad del aire que respiramos, admite que no realiza controles desde 1996 por carecer de recursos humanos y técnicos.
Por otra parte, es público el colapso que se ha producido en estas semanas en el Hospital de Niños y en otros centros asistenciales de la provincia por el extraordinario número de enfermos con afecciones respiratorias que han debido atender. Si bien hay varios factores que concurren en este tipo de patologías, uno de los principales es la contaminación atmosférica.
La zafra y el tránsito vehicular son los mayores contaminantes, contribuyendo en menor medida el polvo que se levanta durante los trabajos agrícolas, la circulación de vehículos en calzadas de tierra y la quema de pastizales y montes secos -una práctica de raigambre cultural en el campo destinada a la obtención de mejores pasturas-, además de la papelera y los empaques frutihortícolas.
El informe sobre la “Determinación de calidad del aire en distintas localidades de la provincia de Tucumán” que elaboró la Universidad Nacional de Córdoba a solicitud del Defensor del Pueblo tucumano, señala que “los valores de partículas respirables por metro cúbico de aire es de 150 microgramos, cuando para la Unión Europea –por ejemplo– es de 50 microgramos. Esto implica que teniendo en consideración las proyecciones de crecimiento que se estima en el mismo informe, tales valores serían determinantes de la muerte de 11 personas cada 100.000 habitantes.
Tierra y salud
En un largo proceso que se inicia en el siglo XIX el área boscosa de Tucumán –que otrora ocupara el 90% de su territorio–, se ha reducido a 750.000 hectáreas; en sólo cien años se destruyeron 1.200.000 hectáreas. Se ha sustituido el bosque original, sin planificación alguna, por cultivos de diversa índole, con fuerte preponderancia de la caña de azúcar y la soja.
La deforestación y degradación de los bosques ha producido serias alteraciones del ecosistema. Algunas de sus consecuencias son las siguientes:
• Reducen, o eliminan, la capacidad de los nutrientes de los suelos.
• Producen erosión, fomentando las inundaciones y las sequías por la desestabilización de las capas freáticas del subsuelo.
• Aumentan el potencial de riesgo del sobrepastoreo y la devastación de los bosques, acelerando la erosión a casi el doble en los últimos 30 años, aumentando además la sedimentación de los ríos.
• Provocan la pérdida o reducción de la biodiversidad, la capacidad de los bosques de albergar hábitats, especies y diversidad genética.
• Provocan desequilibrios climáticos por falta de mantenimiento del carbono, con fuerte incidencia en el calentamiento global del planeta.
Debe destacarse que el sistema montañoso es estratégico en la provincia de Tucumán, ya que constituye una gran cuenca de agua en la que nace toda la red hidrográfica que se concentra en la llanura, formando así el eje estructural y funcional de todas las actividades socioeconómicas de la región.
Por esta razón, los bosques que cubren las laderas de las formaciones montañosas son protectores porque regulan el clima y el agua en su ciclo hidrológico, favoreciendo la infiltración y un adecuado equilibrio natural. Su conservación, en consecuencia, es un factor fundamental para un desarrollo ecológicamente sustentable.
Agua y salud
La cuenca Salí Dulce es la cuenca cerrada más grande de Sudamérica. Nace en las altas cumbres del NOA, para llegar a la Laguna de Mar Chiquita en Córdoba y por derivación artificial al Río Salado en Santa Fe. Hoy se encuentra en grave riesgo por el deterioro por dos fenómenos de diferentes orígenes:
Colmatación: Originada en el mal manejo del sueño en la cuenca media-alta, por los desmontes sin control en los bosques de Yungas de las laderas del Aconquija y su uso para la agricultura, sin respetar norma conservacionista alguna. Conlleva procesos de erosión, donde los materiales sólidos son arrastrados por los cursos de agua para depositarse finalmente en el embalse. Empeora la situación la importante cantidad de basura que se vuelca en los ríos, observándose lo resentida que se encuentra la capacidad del embalse, con su correlato: la pérdida de su función como atenuador de las crecientes.
Contaminación: Provocada por la actitud desaprensiva de las empresas que vuelcan sus efluentes sin tratamiento, pero también porque se vierten líquidos cloacales del municipio de San Miguel de Tucumán y de otras localidades próximas a los ríos. Es detectable la contaminación orgánica e inorgánica progresiva de las aguas, apreciándose la existencia de sustancias tóxicas que han provocado la mortandad de peces. La situación se agrava en época de zafra, afectando el metabolismo del lago y las normales interrelaciones de las diferentes comunidades de flora y fauna.
Agua de consumo humano
Según el informe de la Comisión Nacional de Energía Atómica sobre análisis de muestras extraídas en distintos lugares de la ciudad de Concepción, presentan un alto contenido de metales pesados (cobalto y estroncio, entre otros) que, aunque no reglamentados por el Código Alimentario, pueden ser perjudiciales para la salud humana.
Más grave aún es que en la muestra recogida en la plaza del Barrio Nevado se detectó mercurio en concentraciones superiores a las admitidas. Según distintas investigaciones y consultas efectuadas, se concluyó que “el mercurio es muy común encontrarlo en el cloro que se agrega para desinfección del agua de consumo humano”, circunstancia que indicaría que el hipoclorito de sodio utilizado por la Sociedad Aguas de Tucumán (SAT) no cumple con las normas requeridas para utilizarlo como desinfectante del agua de red.
La historia nos condena
Desde el lejano 10 de septiembre de 1.892, en un decreto firmado por el gobernador Próspero García y el ministro de Gobierno, José Antonio Olmos, establecía la prohibición a los ingenios azucareros de derramar vinaza y aguas servidas en ríos, arroyos, acequias y manantiales; hasta la actualidad, los problemas que se avizoraban hace 115 años, no sólo no fueron solucionados, sino que sus efectos nocivos, afectan la salud de cada vez un mayor número de personas.
A lo largo de más de un siglo, tanto la Nación, como la Provincia, dictaron decenas de leyes, crearon comisiones, secretarías y ministerios y se dispersaron las atribuciones entre un sinfín de reparticiones, que ante situaciones puntuales se neutralizan unas a otras.
No debemos olvidar que, Tucumán se caracteriza por su alta densidad demográfica, en una geografía escasa y una cuenca hídrica única; a lo que se suma el avance de la frontera agropecuaria, en base a la deforestación indiscriminada y la contaminación descontrolada de las industrias existentes. El espejo del Frontal se ha convertido en la cara sucia de los tucumanos.
Es hora -y nunca fue más necesario y posible- de demostrar aptitud y actitud de defender los derechos de la población, creando un ente autárquico, que tenga presupuesto propio, recursos humanos idóneos y suficientes, que cuente con la participación de organizaciones no gubernamentales, agrupaciones vecinales, universidades, expertos en la materia y que, además, tenga la autoridad para aplicar las normas vigentes.
Esta “Agencia Ambiental” no desplegaría un plan destinado a cerrar fábricas o a combatir a la industria; sino a generar mecanismos legales que impulsen el cambio de los sistemas de producción, mediante el establecimiento un esquema de estímulos y compensaciones, y a centralizar – contemplando el interés colectivo- todas las acciones oficiales para la protección del ecosistema en el que habitamos, llenando los vacíos legales existentes, pero manteniéndose indemne a las presiones políticas o urgencias coyunturales del poder de turno.
Hoy atravesamos un ciclo de bonanza económica con superávit y un marcado crecimiento de la producción. La sociedad lo sabe y percibe que es el momento de aplicar políticas preventivas para defender nuestros recursos naturales.
La naturaleza y la cohabitación del hombre y el planeta están enviando continuos S.O.S. No podemos seguir dando la espalda a una realidad que nos golpea a cada paso. ¡¡Es AHORA O NUNCA!!
(*) Dr. Alejandro Sangenis. Presidente de la Comisión de Ecología y Mediod Ambiente . Candidato a Legislador por el Frente por la Dignidad
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